LA MUJER EN LA PREHISTORIA (300.000aC hasta el 3200aC): es complicado responder a cualquier pregunta relacionada con la Prehistoria en su conjunto ya que no existen documentos (no existía la escritura) que relatara cómo se comportaban hombres y mujeres en esa época. Por el estudio y análisis de los restos encontrados de la época, se interpreta que las mujeres se dedicaban tanto al cuidado de los hijos como a la caza, la pesca u otras labores. La alimentación de los individuos infantiles mediante la lactancia era un recurso fundamental y esto pudo vincular a las mujeres a las actividades de mantenimiento y al espacio doméstico, pero eso no significaba necesariamente desigualdad o subordinación, habiendo más diferencias en el estatus social o en quién desarrollara determinados trabajos, que en la existencia de desigualdades entre mujeres y hombres. Lo que sí se sabe es que la humanidad vivió muchos cambios y transformaciones que la marcaron profundamente: la sedentarización, la agricultura, la ganadería, el desarrollo de diferencias sociales o la aparición y consolidación de la desigualdad de género, entre otras muchas.  

LA MUJER EN LA EDAD ANTIGUA (3200aC – 476dC): las características más destacadas de esta época fueron:

  • Invención de la escritura (empieza a haber historia, la cual plasmaba cómo se organizaban social, económica y culturalmente las civilizaciones de la época).
  • Desarrollo de la vida urbana, poder en manos de reyes.
  • Sociedad en estratos (monarcas, aristócratas, siervos religiosos, artesanos y esclavos)
  • Desarrollo de religiones organizadas, en su mayoría politeístas.
  • Guerras entre pueblos.
  • Desarrollo del comercio.
  • Creación de sistemas jurídicos (leyes).
  • Desarrollo cultural y artístico.

Los pueblos más representativos de esta época fueron: Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma.

Mesopotamia: en general, las mujeres quedaban relegadas a un segundo plano y el padre, el marido o los hermanos actuaban muchas veces en su nombre. Como ejemplo, existen textos cuneiformes en los que se establecía una niña menor de edad como aval de un préstamo.

Egipto: representó una civilización sorprendente en aquel momento. No solo por lo avanzada de su momento como nos cuenta la historia tradicional, sino también por la relación social entre sus mujeres y hombres. La mujer en el Antiguo Egipto gozaba de una igualdad sorprendente respecto de la del hombre ya que, aunque el estatus de los hombres era superior al de las mujeres, estas diferencias no eran muy drásticas. En Egipto la mujer era respetada, no era considerada como igual al hombre, pero sí como su complemento. Contaban con gran participación en el poder, podían elegir a su esposo. Tras el matrimonio, la mujer era nombrada como Nebt-Het, la Señora de la Casa que era la encargada de administrar el patrimonio y de organizarlo todo en el hogar. Ni antes de casarse era obligada a tener un tutor legal que respondiera por ella.  Las mujeres podían disponer de su propio patrimonio y eran libres para crear sus propios negocios. Además, también podían decidir como deseaban dividir sus bienes entre sus descendientes. El adulterio de las mujeres no estaba penado. El divorcio podía solicitarse por cualquiera de las partes sin importar si lo hacía el hombre o la mujer. Además, cada uno recuperaba sus bienes tras la ruptura si estaban previamente registrados. Podemos decir que legalmente existía una igualdad jurídica, algo que desgraciadamente se iría limitando con el tiempo y la llegada de nuevas culturas a la zona.

Grecia: considerada la cuna de la cultura occidental gracias a su legado en materias como el arte, la organización política y la filosofía (pensamiento racional), que incluso en la actualidad sigue resultando de gran relevancia. Las mujeres griegas jamás poseyeron capacidad política, no eran miembros de la polis en sentido pleno. La mujer estaba relegada a estar en casa y las labores del telar. Se las consideraba débiles para la vida social por eso estaban bajo la autoridad patriarcal de los hombres. Pasaban de la autoridad de su padre a la autoridad de su marido ya que por débiles tenían que ser protegidas. La mujer griega se limita a un rol reproductor mientras el hombre educa. El propio Aristóteles llegó a decir en una ocasión que «… la hembra es un macho deforme»… Sócrates (inferioridad por naturaleza) Platón (subordinación al varón) y Aristóteles (pasividad de la mujer en la reproducción y necesidad de tutela) son los referentes. La literatura griega muestra la impotentia muliebris, o “endeblez moral femenina” que la muestra como ser de maldad innata que la empuja a actuar por medio de artimañas y engaños. Esto se ve en los poemas “Odisea”, “Teogonía” o “Yambo de las mujeres”.

Roma: las mujeres jamás poseyeron capacidad política, no eran miembros de la polis en sentido pleno, no existían legalmente. Era el pater familias, con ciudadanía plena, el propietario absoluto con derecho sobre la vida y muerte de sus hijos y gran sacerdote según los principios de su religión. La mujer romana procrea y educa; a diferencia de la griega, la romana no está encerrada en el gineceo, participa de banquetes, colabora en la crianza, aconseja al marido, entra y sale de la casa. Esto permitió a la mujer romana acceso a la cultura. La mujer romana, como la griega, estaba sometida a la potestas (padre) manus (esposo) o tutela. Séneca comparte el pensamiento aristotélico respecto a la mujer. La condición jurídica de la mujer en el derecho romano destaca la desigualdad de trato. Catón (político, escritor) decía: Cuando un hombre se divorcia es juez para su mujer en lugar del censor, tiene el poder que parece, si algo ha sido hecho perversa o vergonzosamente por su mujer sea castigada, si bebe vino, si con otro hombre hace algo reprobable, sea condenada. Sobre el derecho a matarla está escrito: “Si hubieras sorprendido a tu esposa en adulterio, podrías matarla sin necesidad de juicio; pero si tu cometieras adulterio o fueras arrastrado a cometerlo, aquella no podría atreverse a tocarte con un dedo, ni es justo que lo haga”.

LA MUJER EN LA EDAD MEDIA (siglos V y XV): destacamos lo siguiente de esta época:

  • Teocentrismo: Dios como centro de todo. La religión como base fundamental de la sociedad. Surgieron las grandes religiones monoteístas como la judía, la budista, la cristiana y la musulmana. La figura de Dios se representa como un hombre todopoderoso, y las mujeres desaparecen de los templos y de los ritos y sacrificios religiosos. Además, para el cristianismo la mujer es la causante de la expulsión del Paraíso Terrenal y, por su culpa, todos los seres humanos debemos vivir en La Tierra.
  • Monarquía y feudalismo
  • Tres grandes clases sociales: Nobleza, clero, campesinado
  • Seguimiento estricto de los clásicos
  • La educación la impartían los religiosos a la nobleza; leer, escribir, luchar y montar a caballo
  • La mujer y su rol social estuvo supeditado al del hombre. El rol femenino pasaba por el cuidado del hogar y la cría de los hijos, poseyendo muchos menos derechos que los varones y a menudo estando su vida dictada por los designios masculinos de esposos o padres. En su mayoría no tenían acceso a la educación. En esta etapa la mujer se consideraba mental y físicamente débil, siendo su mayor cualidad la castidad, debiendo permanecer pura. Además, aparece la asociación entre la mujer y la brujería, razón por la cual se ejecutó a un gran número de mujeres, tras haber sido sometidas a monstruosas torturas para obtener las adecuadas confesiones en los juicios por brujería, llevados a cabo siempre por hombres.

LA MUJER EN LA EDAD MODERNA (siglos XV y XVIII): en esta época se dieron los grandes descubrimientos y conquistas de América. Se dio lo que conocemos como el Renacimiento, que supuso el regreso del conocimiento, el arte, los pensadores, filósofos, políticos. Socialmente surge la burguesía mercantilista y políticamente se separa iglesia de Estado, surge el humanismo (hombre en el centro no Dios). Pues a pesar de tanto cambio el papel de la mujer siguió siendo el mismo, las mujeres existían para la reproducción y crianza de los hijos y los hombres las clasificaban en: madres, viudas, hijas, vírgenes, prostitutas, santas o brujas.